Gestionar agua lluvia, crear ambientes saludables y captar dióxido de carbono, entre otros, son algunos de los desafíos que tienen los arquitectos a la hora de desarrollar sus proyectos.

A esta tarea también se han sumado diseñadores, ingenieros y constructores, a través de prácticas amigables con el medioambiente. Una de ellas es la infraestructura vegetal, que ha ganado terreno en la construcción tradicional involucrando a la naturaleza en los espacios urbanos.

Uno de los beneficios es que las plantas que se disponen en techos y fachadas, para citar solo dos espacios de las construcciones, ayudan a reducir los efectos del cambio climático.

“Al mismo tiempo reducen los riesgos de inundación, ya que tienen la capacidad de retener de un 50 a un 70 por ciento de agua lluvia y crean nuevos ecosistemas”. Otro beneficio que resalta Villa está relacionado con la protección de la fauna y la flora locales, pues sirven como lugar de reposo de aves migratorias y abejas.

Alertas para evaluar

Otro aspecto para destacar es la reducción del efecto identificado como “isla de calor”, producido en áreas urbanas donde existe una edificación masiva, ya que materiales como el cemento y el asfalto desprenden lentamente la temperatura acumulada durante el día. “Sin embargo, y a pesar de sus grandes beneficios, todavía no existe una política pública para enfrentar el calentamiento global”, agrega el gerente.

A lo anterior se suma Claudia Botero, gerente Comercial de Groncol, quien menciona que en los últimos años la implementación de estos sistemas ha disminuido, principalmente, por los ciclos del mercado de construcción.

Sin embargo, aclara que “no instalar ‘verde’ en las ciudades es un lujo que el país no se puede dar, ya que todavía se presentan muchas muertes asociadas a problemas respiratorios y saturación del alcantarillado en épocas de lluvia, entre otros”.

Muestra de ello –anota Botero– es que la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda que por cada habitante existan alrededor de 15 metros cuadrados de infraestructura verde, porque mejoran las condiciones climáticas, ambientales y de salud en las regiones. Pese a esto, en Colombia, las cifras se ubican en 4 metros cuadrados.

Para lograrlo, el mercado cuenta con varias ofertas, que van desde techos verdes hasta pavimentos flexibles. Lo importante –explica Botero– “es conocer las necesidades ambientales del lugar, así como el peso de las placas, la impermeabilización y el crecimiento de la vegetación, entre otras. Una correcta planeación que incluya características técnicas, agronómicas y arquitectónicas, es clave”, enfatiza.

Por su parte Luis Alberto Suárez, gerente General de la empresa Helecho, anota que hay varias alternativas que se pueden implementar, como parques a diferentes escalas, humedales artificiales y sistemas urbanos de drenaje sostenible.

“Estos últimos, por ejemplo, cada vez se vuelven más comunes como herramientas para crear ciudades resilientes que se adaptan a los nuevos extremos climáticos, ya que controlan el agua de escorrentía y reducen la contaminación acústica”.

Además, Suárez considera que la infraestructura vegetal es tan versátil que también puede implementarse en el hogar. “Existen obras que incluyen la instalación de sistemas integrados que logran el aprovechamiento de las aguas lluvias, la reutilización de las aguas grises e inclusive negras”, explica.



Hay sistemas que, a través de la infraestructura verde en edificios, aportan a la idea de crear ciudades resilientes que se adaptan a los nuevos extremos climáticos.

Incluso, si no hay mucho espacio, los jardines verticales son otra opción. Pueden ser ornamentales o productivos, como la instalación de cuadros verdes o bolsillos para plantas, que pueden hacerse artesanalmente.

DIANA M. DÍAZ G. Redacción Vivienda y Construcción